Hoy llegó mi hermano de Brasil; su falta de presencia en casa ya se hacía notar demasiado; había comenzado a extrañarlo y ni siquiera sabía qué era de su vida. Las cosas con el siempre fueron difíciles, aunque ahora ya no tanto. Siempre faltó comunicación entre nosotros, por una cuestión de edad; al llevarme once años, mucho uno no puede esperar, mas cuando se es un adolescente perdido por los consejos de su propia madre que exitosos sembraron frutos inesperados en lo profundo de su conciencia; frutos que no van a crecer jamás, pero que ya están maduros. Cuando nos mudamos, y comenzó la lucha por la comprensión entre tan solo tres gatos locos, las cosas se tornaron distintas.
Mi mamá siempre insistía con que mi hermano nunca me quiso; siempre lo acepté pero nunca le hice caso cuando me decía que dejara de perseguirlo. Mi hermano es uno de los épicos modelos que nunca voy a dejar de "idolatrar"; no porque realmente haga cosas buenas, si no porque hay algo en el, que no me hace dejar de verlo como un ídolo. Siempre lo quise muchísimo; por mas desprecio que el me tuviese; lo sigue teniendo, en algunas de sus actitudes. O por las cosas que hace; siendo que lo único que le interesa es su conveniencia y la de nadie más sin importar el resultado de cómo deje al otro en el intento. Pero sin embargo, cuando quiere, es una persona muy divertida, amorosa y leal. Es un tipo blando, pero con los de adentro se muestra fuerte para que gente como mi vieja no lo siga lastimando más. Pobre, yo lo entiendo; pero a veces me gustaría dejar de ser tan insulsa.
Hacerme valer es algo que me costó siempre; pero con la ruptura de amistad que tuve con mi ex mejor amiga, y casi pareja, me hicieron hacerme muy fuerte y ver como es realmente el mundo que me rodea. Pasa que de vez en cuando me pongo sensible y no se lo que me pasa.
El pesar de mi paradoja es impresionante; ni yo puedo creer que siendo yo misma, no logre entenderme en ciertos puntos. Nunca se terminan mis mañas; eso yo lo sé. Pero que sepa que están, no significa que sepa como funcionan. Es molesto, pues después termino sintiéndome como ahora; confusa, horriblemente confundida.
En algún confín oscuro de mi mente, late la idea de que quizás, todas mis confuciones sean porque sé que soy adolescente, sé que mi momento es difícil y por una cuestión horrenda y dolorosa de no querer que pase el tiempo jamás. Es terriblemente abrumador; pues quisiera irme de casa con la edad que tengo ahora; mis ideales me encantan, ciertamente los amo, puedo luchar conmigo misma sin ninguna clase de problema, pero no puedo soportar que gente como mi viejo me repriman constantemente.
Detesto que sea él el que me diga las cosas de esa forma tan poco amena que tiene; detesto que me gaste con su ácido humor y que para conseguir las cosas tenga que llorar hasta la última gota de sangre adentro mío. No es un buen trato, papá, no me hace bien.
En especial cuando lo único que tengo es la computadora e internet; con ese enfermo criterio d e que tengo que concentrarme en las cosas del colegio cuando lo único que hago es dormir, ir al colegio, volver a mi casa, hacer la tarea y de nuevo, todos los días lo mismo, hasta el viernes; cuyo fin de semana, no me deja salir porque "tengo que dejar de dispersarme y concentrarme en el estudio". Es gracioso que después se queje de que no tengo amigos, que señale mi odio por la gente o que se refiera a mi habitación como "la cueva" dado a que nunca salgo de ahí. Por algo casi nunca salgo, papá.
Es por eso que últimamente lo único que quiero es irme de mi casa; quiero vivir con la que considero una de mis mejores amigas; la que la veo distinta y la que también necesita escapar de las viles garras de sus padres. Me encantaría llegar al departamento y encontrarla tomando té y leyendo un libro, viviendo ambas en la armonía que sólo nosotras podemos proporcionarnos mutuamente, como amigas que somos. O algo así.
Menos mal que por soñar no cobran; pero estoy más que segura y decidida de que quiero y que va a pasar esa expectativa mía.